Julio,
no fue casualidad,
las lágrimas que bajaban del cielo,
no fueron casualidad,
el vestido color rosado y mis risas,
no fueron casualidad.
Tus miradas tan calientes y reafirmantes,
No fueron casualidad.
Después entendí lo que nos estaba pasando.
Fue conversando contigo que descubrí
que tu nombre se quedó escrito en mi corazón.
Que no hay abrazos que me desahogan
y que me quitan el frío como los tuyos…
y que todo se termina,
menos nosotros dos.


